martes, 8 de marzo de 2016

Yo como usuario/a ...

Las personas tenemos la costumbre de contar sólo las historias que nos llevan a momentos felices de nuestra vida. No nos cuesta rememorar estas historias e incluso en muchas ocasiones se nos escapan sonrisas mientras las contamos.
Pero, ¿por qué nos cuesta tanto recordar momentos que nos llevan a situaciones difíciles? En muchas ocasiones, no recordamos esas historias porque queremos borrarlas de nuestra mente, pensamos de manera errónea que, si no las contamos y no hablamos de ellas, es como si nunca hubieran pasado. Pero desde nuestra opinión, pensar en los momentos duros de nuestra vida no nos hace más vulnerables ni más “frágiles”, sino que esos momentos son las que más nos enseñan y los que nos hacen mejores personas, ya que nos enseñan que a pesar de haber pasado por momentos difíciles podemos salir de ellos y, de alguna manera, sabremos cómo enfrentarnos a ellos si en algún momento volvemos a vivir esos momentos en carne propia o aconsejando a otras personas.
Cómo usuarios/as, los miembros del grupo, hemos tenido que pedir ayuda en más de una ocasión, hemos gritado un socorro en momentos que lo hemos necesitado y hemos obtenido respuestas de personas que nos han hecho esos momentos un poco más fáciles, aunque en otras ocasiones, ese grito de socorro no ha obtenido la respuesta que necesitábamos, pero nos ha servido para saber que necesitaríamos si nos volviera a pasar o si otra usuario/a le ocurriera lo mismo que en algún momento nos pasó a nosotros.  

CASO 1
“Yo como usuario/a cuando tenía 14 o 15 años mis amigas de toda la vida, las del colegio se enfadaron conmigo sin un por qué y dejaron de hablarme, no me dieron ninguna explicación y empezamos a distanciarnos.
No pedí directamente, porque me cuesta pedir ayuda en situaciones complicadas pero mi madre, mi hermano y mis amigas del pueblo me ayudaron. Mi madre se dio cuenta porque entró a mi habitación y me vio llorando y entonces se lo conté, a mi hermano y a mis amigas del pueblo se lo conté yo. Intentaban ayudarme y animarme haciendo planes y cosas en las que tuviese mi mente ocupada, además de hablando y tratando de hacerme ver las cosas.
En la ayuda por lo general no me molestó nada, excepto que mi madre quería hablar con una de las madres de las chicas. Me molesto que se quisiera entrometer tanto, era una cosa nuestra que debíamos de solucionarlo nosotras sin padres de por medio.
Espero que no haya una próxima vez, pero en caso de necesitar ayuda me gustaría que me tratasen del mismo modo”.

CASO 2
“Yo como usuario/a un día iba andando por la calle y llovía mucho. Mi calzado no era adecuado y resbalé por una cuesta. Caí de culo y me hice muchísimo daño. El dolor era tan fuerte que pensé que me había roto el coxis y comencé a llorar como una loca. En aquel momento pasaba una mujer mayor, no me hizo falta pedirle ayuda con las palabras mi llanto fue suficiente para que ella viniera a ayudarme. Me preguntó qué tal estaba y estuvo conmigo hasta que me ayudó a levantarme.
Yo me sentí muy avergonzada y se lo dije. Ella me respondió diciéndome que es algo que nos puede pasar a cualquiera y que por su parte nadie ha hecho el ridículo.
Le agradecí mucho la ayuda y aunque parezca una tontería me hizo replantearme ciertas actitudes que en ese momento tenía. Estaba pasando una mala época de mi vida y fue genial que unas pocas palabras removiesen mi conciencia y fueran el punto de partida para cambiar ciertos pensamientos negativos que se perpetuaban en mi mente.
Eche en falta un buen abrazo”.

CASO 3
“Yo como usuario/a tuve que pedir ayuda cuando estudiaba ya que se metían conmigo en el instituto. Empezó con insultos porque no me gustaba el fútbol y acabaron amenazándome. Debido a que no quería ir a clase y que cuando iba estaba muy a disgusto, mis calificaciones bajaron mucho y los profesores me repetían que si no mejoraba no llegaría a nada en la vida. Desde entonces los profesores me ignoraban y hacían como que yo no existía ahí.
Tuve que pedir ayuda a mis padres y a la dirección del centro. Lo que no me gustó fue que la solución del centro fue que me cambiaran de instituto. Eso me molestó muchísimo ya que el problema no lo tenía yo sino otros. Me gustó cómo actuaron mis padres ya que no quisieron cambiarme e incluso llegaron a denuncias contra el centro, por no hacer nada, y la gente que me amenazaba. Gracias a eso conseguí hacerme más fuerte y no hacer caso de lo que me dijeran, si no me producía ningún beneficio.
Me habría gustado un trato más comprensivo por parte del instituto y la directora. A veces es más rápido quitar una parte del problema, como querían hacer ellos, que quitar el problema de raíz, que conlleva más tiempo y esfuerzo.
Años después volví a ese instituto para decirles lo bien que me va tanto en el terreno personal, como laboral y académico”.

Gracias a esta práctica nos hemos dado cuenta de que de vez en cuando no es malo recordar momentos en los que hemos necesitado ayuda. Además gracias a esto y a las opiniones de los/as compañeros/as hemos podido sacar en claro cómo nos han ayudado en esos momentos, qué es lo que menos nos ha gustado y qué es lo que nos gustaría que nos dijeran.
Esto lo podremos aplicar en un futuro como trabajadores y trabajadoras sociales cuando un usuario necesite de nosotros y nosotras.

“Ríe cuando puedas, llora cuando lo necesites” – El Chojin

1 comentario:

  1. Hola,
    la práctica está bien, es honesta y creible. Está bien poner en cursivas los testimonios pero hubiera ayudado poner CASO 1, CASO 2,...
    Tenéis algunos pequeños fallo de redacción y ortografía: "No me pedí ayuda como tal".
    "Me molesto(ó) que se quisiese meter...".
    "Echar en falta de aquella ayuda no eche nada" (no se entiende).
    Saludos,
    JD

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